El Algarve es donde los acantilados de caliza dorada caen en aguas increíblemente azules, las cuevas marinas brillan bajo tragaluces naturales y cada playa parece diseñada para una postal. Pasamos una semana recorriendo la costa y no nos cansábamos.

Cueva marina de Benagil

La joya del Algarve. Llegamos en kayak desde la playa de Benagil al amanecer; la cueva estaba vacía y la luz entraba por la abertura circular del techo, iluminando las paredes doradas y el agua turquesa. Parecía una catedral construida por el océano.

También se puede llegar en barco desde Lagos o Portimão, pero la experiencia en kayak al alba, solo con el guía y el sonido de las olas, fue inolvidable.

Ponta da Piedade, Lagos

Grandes formaciones rocosas, arcos naturales y grutas talladas por siglos de olas atlánticas. Hicimos un recorrido en una barca pequeña que entraba en cuevas demasiado estrechas para barcos grandes. El guía nos señaló el «Camello» y las «Rocas que se besan», cada formación más impresionante que la anterior.

Nuestro momento favorito

Nadar hasta una pequeña cueva accesible solo con marea baja, flotar en agua cristalina mientras la luz entraba por una grieta en las rocas. Pura magia.

Praia da Marinha

Suele figurar entre las playas más bonitas de Europa y se merece cada reconocimiento. Su doble arco de roca es icónico, el agua es turquesa y tranquila, y el sendero sobre los acantilados ofrece vistas increíbles a cada paso. Pasamos allí toda la tarde y nos fuimos a regañadientes al atardecer.

Lagos: un casco antiguo encantador

Además de sus playas, Lagos tiene un casco antiguo muy bien conservado, con calles empedradas, casas blancas cubiertas de buganvillas y plazas animadas llenas de restaurantes. Recorrimos las murallas medievales, curioseamos en los mercados y comimos las sardinas a la parrilla más frescas de nuestra vida en una pequeña taberna junto al puerto.

Reflexiones finales

El Algarve superó todas nuestras expectativas. Además de playas, nos regaló un espectáculo natural distinto cada día. Nos fuimos con arena en los zapatos, la piel tostada por el sol y la promesa de volver. Si os gustan las costas, este es vuestro paraíso.